domingo, 14 de septiembre de 2014

barba roja

Hay días en que una necesita un poco de cariño y días en los que el sexo no necesariamente incluye penetración y eyaculación, aunque si orgamos y muchos.
lo encontré de nuevo, tengo que admitir que me excita mucho su barba roja espesa de vikingo joven, no me gusta mucho su piel extremadamente blanca, pero pues, ¿que se hace?
nos encontramos para un cafe ya tarde, su primera exclamación "que linda estás" me suavizó y preparó, me sentí bella, atractiva, deseable.
hablamos de los años que no nos hemos visto, terminamos besándonos en plena calle, no podíamos parar, ya en el carro el besuqueo aumentó hasta que acarició mis piernas bajo el vestido. "tu piel es tan suave como la recuerdo".
nos fuimos a casa, a terminar de recordar como era que nos gustaba el sexo, mas besos, mas abrazos y más caricias y el primer intento de penetración que se quedó a medias, algo pasaba y no lograba mantenerse erecto.
sin inmutarme seguimos jugando, su pene en mi boca, sus dedos en mi sexo, nos besamos y acariciamos tanto, sus manos recorrieron todo mi cuerpo, urgaron, penetraron, produjeron orgasmos, y seguimos con una penetración que no terminó en eyaculación, había algo raro que no lográbamos vencer.
pero había mucha emoción, caricias, ninguno de los dos se quejó ni hizo drama, seguimos el juego sexual, sus brazos se sentían tan bien, era cómodo abrazarse, apretarse en la cama, entrelazar nuestras piernas y brazos, reconocer nuestros cuerpos, nos pusimos a hablar, nos vimos a los ojos, acaricié su barba y le dije lo hermosa que era, acarició mi cuerpo y me habló de todo lo que le gustaba.
Jugamos a diseñarnos tatuajes, armamos el plan para seguir sobre toda mi espalda y terminar el diseño que empieza con el primero que ya tengo y convertir mi espalda en un lienzo yakuza colorido y hermoso, dibujaba con los dedos las alas del dragón, la flor de loto, y todo lo que fuimos poniendo, yo veía su torso desnudo y me encantaba la posibilidad que ofrecía.
nos acariciamos por todos lados, nos amamos en ese espacio en el que eramos unos locos pensando sobre el cuerpo del otro. admirando sus imperfecciones, disfrutando las caricias y el calor compartido.
volvimos a besarnos apasionadamente, logró una erección completa, pude disfrutar su rostro sintiendo un orgasmo largo y cálido, los míos se multiplicaron mientras besaba mis pezones de tal manera que los dejó sensibles y calientes.
nos abrazamos fuerte, nos seguimos besando, sintiendo el aliento del otro hasta quedarnos dormidos ovillados, apretados el uno con el otro.
Ya en la madrugada nos despedimos, un beso más cauto que antes, y no, no sé si volverá a pasar mucho tiempo antes de volver a verlo.
a veces el secreto de barba roja, es no lograr una erección en el primer intento.

domingo, 7 de septiembre de 2014

Cuerpos feos

Me llega un enlace de un artículo en la web, lo leo y no puedo evitar enojarme.
Sé que no soy dueña de un cuerpazo, pero el 99% de los hombres con los que me he acostado tampoco.
Tal vez un par de veces he podido admirar un cuerpo masculino perfectamente construido. Torso amplio y musculoso sin exagerar, piernas lo suficientemente fuertes como para verse como columnas de templo y nalgas redondas agarrables y mordibles…pero son tal vez 3 o menos.
De allí la colección de cuerpos “normales” entre los muuuuchos amantes que he tenido, (los de largo aliento, los de corto plazo y los de una noche) van desde el niño flaco, casi enclenque, con las costillas visibles y las vertebras saltadas, hasta el gordito de panza cervecera que es más cómodo cogerse montándose encima, que aguantar su sobrepeso.
Pero yo no soy “delicada” al respecto. las cosas que me excitan son tantas que el cuerpo no es una de ellas, me excito a pesar del cuerpo o sobre él, no baso la actividad en algo tan banal, es en serio.
he andado con hombres sumamente jóvenes, (20 años) y con viejos de más de 65. bajitos que apenas me llegan al hombro y enormes de más de 1.80, gordos y flacos, peludos y lampiños.
He tenido suerte, tal vez, en no encontrar hombres obsesionados con encontrar el cuerpo perfecto, sino hombres que entienden que hay mucho más que un cuerpo en una noche de sexo y que se avientan a explorar lo que hay, no sé que haría con un obsesivo como el del blog que es capaz de medir la distancia entre las tetas o calibrar la dureza de las nalgas.
Cuando leo el artículo me pregunto ¿y si le hubiera dicho a aquel hombre mayorcito que me hacía gracia su cuello “enguatado” (demasiado arrugado)? pero tenía una vitalidad capaz de darme más de una cogida por noche, ¿y si le decía al gordito que me molestaba tener que levantar la panza para encontrar el pene?, pero que le crecía espectacularmente, y luego yo ya no quería parar, además que, le encantaba beber el vino directamente de mi vulva, como un cerdito hambriento y se volvía delicioso y erotiquísimo.
¿le hubiera dicho al flaco sin nalgas que no me podía agarrar de ningún lado? Aunque tenía una verga enorme y gruesa, y no muy buena técnica, me dejaba con ganas de más.
¿me hubiera negado a coger con el chico con cicatrices de acné? Que resultó ser muy hábil con las manos y la lengua y me regaló unos orgasmos que casi sentí morir.
Si es cierto que el galán moreno con cuerpo de cristiano Ronaldo me hizo llegar al cielo, pero, increíblemente, cuando me penetraba siempre me decía “muñeca hermosa”, para él yo era perfecta, le gustaba y lo decía.
Vos sos perfecto para mi, tu cuerpo es tan adolescente, casi lampiño y flaco, con un torso delicado a punto de quebrarse y tu pene es una flor pequeña y delicada, pero me encanta, porque es el tuyo y lo usas con maestría, me das orgasmos deliciosos y explosivos.
No tendría corazón, y hubiera perdido muchas cogidas espectaculares si hubiera dicho “tu cuerpo no me gusta, porque además de ser injusto con el otro, no es precisamente una buena  medida de desempeño sexual.
Al final, quien se lo pierde es el que estaba buscando coger con un cuerpo perfecto, aunque no se haya visto al espejo, nunca.



martes, 26 de agosto de 2014

Occitocina

Para una sumisa, que no quiere considerarse sumisa, como soy yo, vos sos el colmo de lo perverso.
Leer "venga" en un chat, o escuchar "que hace" en el teléfono es suficiente para empaparme, mojarme, y empezar con esas pequeñas contracciones pélvicas que lubrican a fondo.
Y bueno, "venga" equivale a traigame algo, consientame, deme de lo que tiene, cocine para mi...y yo accedo porque sé que luego eso se convertirá en "pongase allí" y el sexo inflingido (nunca mejor dicho) se ejecutará sobre mi cuerpo ardiente, con las ganas a tope.
Y es que sos imposible de no querer, sos imposible de no desear y has construido tu imperio en mi vida de esas formas: rechazo, abandono, busqueda, deseo, orgasmo y rechazo.
Si, ya se, si yo fuera una mujer como la que digo ser cuando no me llamas, me diría a mi misma "no seas pendeja"
Y allí, entre los otros, muchos, pocos, agonizantes momentos perdidos.
Entre ella y él, apareces tu: el domine, el dueño, el único que puede decir "venga" y yo voy.
Mi amigo llegó a beber, tomamos unas cuantas cervezas, compusimos el mundo, se excito como siempre al escuchar mis historias con ella, le encanta imaginarnos juntas, pero es mi amigo, nunca mi amante.
Siempre carga cocaína, yo no consumo drogas. soy capaz de dormir dos noches seguidas con la dosis de diazepam que mi tía toma para pasar el día despierta, no tolero bien las drogas y prefiero verlas de lejos.
Pero vos llamaste "venga" y además tenías ganas de algo específico: comida.
El me vio ansiosa, además borracha, no demasiado, pero lo suficiente como para no viajar, y me ofreció una dosis, un poquito...
Cuando llegué a verte estaba emocionada, excitada, los 15 kms se volvieron un pedazo pequeño, y allí estabas vos, esperándome en casa.
Te serví, me senté a verte comer, disfruté tus halagos a mi cocina, estaba ardiendo, con ganas de besarte "que pasa" dijiste, y respondí eso "quiero besarte".
tu sonrisa de lado me dijo que no pasaría, o eso pensé.
me subí al carro y te subiste a mi lado "manejá por allí", paramos, "bueno" dije, "me tengo que ir". tus manos avanzaron hacia mi cuerpo, besaste mis labios con hambre, apretaste mis pechos, me desnudaste de esa manera que sabes, sin que pueda responder, y casi sin darme cuenta estaba con el rostro en tu entrepierna, gozando el sabor de tu cuerpo, "para" dijiste, y volviste a besarme toda, mis pechos, mi rostro, mis piernas, todo...en ese espacio reducido inventaste formas, los sillones hacia atrás, la respiración agitada.
Volví a tu delicioso pene, lo metí en mi boca, lo disfruté como me gusta, tus manos acariciando, "quiero que me sientas" dijiste y eyaculaste dentro de mi boca, tragué con ganas, disfruté tu sabor.
quedé sollozando, con ganas de más, sabiendo que no ibas a darme más (por eso no me lo diste en la casa) y el beso de nuevo en mi frente "adios".
Regresé a casa en la nube.
Tengo claro que no volverás a hablarme pronto, que pasará, como siempre, mucho tiempo. pero aquí estoy, cuando digas "ven" lo dejo todo.

lunes, 4 de agosto de 2014

Anastasia Gray…

Me puse a leer de nuevo fifty shades…en realidad no me gusta, entiendo lo que dice un amigo: escribir literatura erótica es fácil, y la gente se calienta fácilmente.
Las escenas son tan increíbles, aquello de que Ana es virgen y aún así se deja hacer y le “llama la atención” el BDSM. Ay por favor!!!.
Mi amo no lo fue en realidad, me domó como nadie ha logrado hacerlo y deshacerme de su recuerdo me metió en este mar de sexo atolondrado y loco.
Ese primer día entré en su cuarto a dejar un libro, me miró de arriba abajo y dijo “viniste a coger, si no no te hubieras atrevido a entrar, ¿lo vas a hacer?”
No había violencia, me desarticuló, sí, yo quería coger con él desde que lo conocí, vamos, yo no era virgen ni similar, simplemente quería caer en las garras de esos dientes perfectos, esa sonrisa hermosa y esa piel oscura.
“no lo sé”
Creo que respondí temblando,  era joven, como Anastasia, 22 años y poca experiencia,  “bueno” me dijo y se acercó para darme un beso fuerte, no violento, pero duro, me empujó sobre la cama y repitió: “veniste a coger, yo sé”
No sé si fue el susto, el deseo, las ganas de coger o que, pero terminé con la falda levantada, las bragas en el suelo, los pies en la tierra y el cuerpo empujado sobre la cama altísima, me penetró desde atrás con fuerza, sin humedecerme lo suficiente, apreté la boca para no gritar, me cogió con fuerza, somatando la cama contra la pared y sin tocarme, de lejos, terminó,  me dio una nalgada y me dijo “bueno niña, gracias por el libro, adiós”
Salí de allí como en trance, sin muchas ganas de nada, sin orgasmo, sin llanto. Sólo confusión y dolor, un dolor acre que quedaba por días, recordándome que era suya.
Las siguientes veces terminó de domarme, no tan poéticamente como Anastasia, no, por favor, eso es ficción cruda y sin anestesia.  Me domaba con amor y ternuras, seguidas de dolor y lujuria, con cariños y luego desprecios. Bañado de toneladas de comida grasosa cocinadas en su cuarto o en mi casa.
No puedo decir que no me gustara, cada vez me gustaba más, el sabor de la sangre, el olor de mi cuerpo lleno de semen y sangre, la ropa que podía o no podía usar, el que me dejara sin orgasmo o me obligara a leer las cartas de alguien más mientras me cogía, cartas de hombres y de mujeres, para que me fuera haciendo a la idea de quien estaba conmigo, aquello me provocaba una bajada de excitación que él no perdonaba, así, casi seca, me cogía con más ganas y se divertía con mis celos de sus ex parejas.
Sus manos eran expertas, y cuando decidía darme placer me hacía gemir y llorar de dolor y gozo. Me vestía para él, me calzaba para él. Controlaba todo, zapatos, ropa, vestido, comida, todo era lo que él decía y yo no podía hablar (así como anastasia, pero sin contrato ni carro lujoso)
Lo más dulce de lo que era capaz era llevarme a bailar, no permitía que fumara ni que ingiriera alcohol, únicamente podía beber jugos de frutas y mucha agua. Eran 4 a 6 horas sin sentarse, él era un show y yo su comparsa, el ritmo que fuera,  sin parar y cuando al fin se cansaba de bailar salíamos a coger, duro, con toda la fuerza que le había dado que muchas y muchos nos vieran, amaba que me vieran bailar, me obligaba a hacerlo sexy, con ganas, siempre con él, nunca podía aceptar bailar con nadie más y luego…una cogida dura, sangrienta, rompedora.
Reía mucho cuando me estaba enseñando a hacer una felación, reía de mis nauseas, y apresaba mi cabeza para marcar el ritmo, reía de mi falta de experiencia, de mi asco sexual (vamos chicas y chicos, todos hemos tenido ascos sexuales!!) reía de mi inexperiencia y de mis celos, de mis intensiones de poseerlo.
Y al final se fue, dejándome marcada.

Y releeré a Anastasia Steele porque me gustaría creer que yo hubiera tenido la fuerza para matizar la relación, o que, si se diera en esta etapa de mi vida, estaría más dispuesta a detenerlo y a disfrutarlo. Mis otras parejas fueron más suaves, más vainilla, pero un amo no se olvida, no se deja.

jueves, 24 de julio de 2014

pagando...por sexo

La verdad es que seguir jugando al romance es divertido, pero no tiene sentido.
Me estaba chateando de lo más divertido, hasta que de pronto dije “ya estoy tan desesperada por coger, que casi estoy a punto de pagar”
“pues si se anima a pagar, aquí estoy”.
La duda surge, ¿pagar por sexo? Ok, siempre he tenido donde y con quien, resulta que en este momento de mi vida no tengo con quien y estoy huyendo del fatal romance, del misterio del enamoramiento que luego deja un dolor físico y moral aumentado.
¿pagarle? Bueno, es muy joven y “necesitado”, guapo, terriblemente guapo, sexy y siempre hemos tenido alguna tensión sexual entre nosotros. Pero de allí a pagarle.
“no juegue” pongo en el mensaje y lo dejo allí.
El fin de semana no pintó del todo bien, entre la regla y las citas fallidas, terminé con más ganas, su foto es de lo más sugerente y sus labios…bueno, ya lo besé una vez, tengo que confesarlo.
“como está”.
Y vuelvo a ver el chat, hablamos un rato, nos cachondeamos más…quiero coger, pero la oferta no llega, al menos si lo hace por dinero no tengo por qué amarlo mañana, ni pensar en él, ni ponerme linda, es una transacción, no tengo que ocultar mi cuerpo, ni inventar frases cursis, ni menos darme de topes contra la pared después, es sólo un negocio.
“y al fin, ¿cuánto estaría dispuesta a pagar?”, me destantea su forma de agredir sin agredir, bueno, me dice sin decirlo “aquí estoy, soy joven, te puedo coger rico, pero te costará un poco de dinero”.
Y no lo sé, ¿Cuánto vale un orgasmo? ¿Cuánto vale una noche de sueño tranquilo?...¿cuánto vale fingir amor?
Cedo, ponemos un precio, y no ponemos una fecha, el día termina sin que pase nada.
“¿quiere venir ahora?, pero trae condones por favor”
Paso a la farmacia y me compro unos, llego a su casa con los nervios subidos, “creí que no iba a venir” me dice, “me ganaron las ganas”, le digo y lo beso, su cuerpo se aprieta al mío, sus labios son como siempre, deliciosos, está apenas vestido con una camiseta y un short, siento su erección crecer poco a poco, me desnuda y se desnuda.
Me aterra sentir que es casi profesional, su cuerpo de casi niño me aterra más (por dios, si apenas acaba de cumplir 20) siento que me aprovecho, enjuto, dulce, con esa sonrisa de James Rodriguez que me enloquece.
En realidad no es tan bueno, su técnica es de niño, pero compensa con la fuerza y el empuje, un orgasmo fuerte, y siento el suyo, me acuesto un rato a su lado y me levanto a vestirme “¿ya se va?” si, le digo, gracias, le doy un beso fuerte y dejo el dinero en la cama, me voy sonriente.
Al final no sé si lo usé o me usó, es un intercambio, solo eso.


martes, 3 de junio de 2014

ninfo que?

Me citó para coger, siempre lo hace, pero está molesto porque la última vez me llamaron y no pudimos...en realidad no quiero.
A veces me parece extraño, el número aumenta y yo sólo soy capaz de recordar 3 rostros que se confunden en mi mente...el primero no fue el primero, el segundo aún es una posibilidad, y el último es un grito ahogado, un dolor que no se detiene...todavía.
Al terminar de ver Nynphomaniac sentí que tenía que acabar algún día...y no dejo de buscar, no dejo de ponerme en el camino de aquellos que podría seducir, no dejo de sentir miradas que buscan eso que no se donde tengo.
No soy un cuerazo, eso es evidente, pero ¿cómo he hecho para coger con tantos?
Antes tenía la lista, esa lista negra de evidencia clandestina, un día dejé de escribirla y de pronto me topo con gente que me toma por los hombros o agarra mi rostro entre sus manos y me pide un beso que yo no recuerdo si alguna vez les di (o no quiero recordar)
Y no, no quise coger, lo vi, lo sentí, recordé su verga inmensa metida en mi boca y quise tener el arma a la mano para acallar sus impulsos de una vez (uff, no, no soy eso) quise decirle que no volverá a pasar y sentí su tristeza, su deseo, apretando mi cuerpo en un abrazo y diciendo "no, no quiero más que esto", como si le creyera.
Y toco la puerta cibernética del sexo falso, el sexting, las fotos rudas, su pecho velludo y sus piernas al otro lado de la pantalla, sus manos en su cuerpo y las mías en el mío, tratando de evitar el contacto que me contamina, ese contacto que pide más, pero no dá más, ese contacto que exige sexo en cada visita, sin dar nada más a cambio y me enamoro por intenet de cosas que no pasaran o hago planes para viajes que no realizaré, porque temo estar en esos brazos ardientes lejanos.
y pienso en vos...si no fuera por tus creencias extrañas, porque tu nueva fé te dice que debes guardarte, porque quieres una mujer que yo no soy para vivir con ella y parir chiquillos, y te veo, frágil y dulce como eres, fuerte y enorme como también eres...la noche avanza y te extraño, extraño tus manos pequeñas y tu semen dulce, extraño tus confesiones y tus llantos, extraño tus dudas y tus soledades...ya no son mías.
Me llamas, te hago de cenar, pasas por el bocado y apenas me dejas el sabor de tus labios en la mejilla "te aprecio", eufemismos para eso que finges no sentir, evades mi mirada, llamas y quieres algo que ya no tenemos, ya no hay retorno.
Ayer vi las fotos de hace un año, te vi como te desee la primera vez, recordé tu cuerpo en mis manos, y tu mirada asustada, herida...ya no la tienes, algo logré o quizás no.
hoy te vi más maduro, menos frágil, has aprendido a ser lo que deberías ser...
y los tres rostros se vuelven a confundir, pero mi cuerpo se niega a abrirse a otro que no sean ustedes tres: el primero, el del tiempo y la vida compartida, el segundo: el de los sueños y las vigilias soñadas, y tu: el de la imposibilidad, el único que no debió llegar, el que me dio la felicidad más cierta en el momento más duro y el único que jamás podré volver a mencionar.
¿cuentan los otros, 20, 40, quien sabe cuantos? supongo que allí están, como fantasmas de cama, algo de su cuerpo está presente en mis orgasmos solitarios, algo de su sabor se antoja o de su técnica perfecta,(como el cunilingus, que casi me deja muerta) algo de sus conversaciones de cama, algo de su ternura, algo de su hambre (como la de él, hambre de cuerpo) algo de sus gemidos (como aquella noche en el salvador, un grito agónico de extasis) algo de sus quejas de pareja, algo de sus absurdas aficiones (como ahogarme en la ducha arrodillada y tragando) algo de los lugares de paso (hotelitos, cuartuchos) y de pronto todos tienen las tres caras, las únicas que han valido la pena, las que llegaron para quedarse.
¿dejar de ser ninfómana? no puedo, aquí estoy, planeando el próximo, calentando motores para cuando al fin dejes de evitarme o cuando encuentre al chavo que lame como un maestro, o para cuando ella me vuelva  a pedir que la penetre y la haga soñar...
y te pongo una canción en el teléfono, una que te diga que te extraño, que te quiero, que mientras vos seás mi amado, no podré coger como se debe, con ninguno o con ninguna.

viernes, 16 de mayo de 2014

polvos contados

Releo el amor en los tiempos el cólera, y encuentro la historia de la viuda de nazareth, la que descubrió su sexualidad en manos de Florentino Ariza y se volvió "puta" una mujer libre que cogía con quien fuera, recordando al marido muerto, porque tenía la idea de que todos nacemos con los polvos contados y que si no los usamos, se pierden.
Hago memoria de las veces que he cogido, no tengo la libreta de Florentino y dejé de contar hace años cuando llegué a 20. A partir de allí se me hizo difícil y algunos nombres, realmente los olvidé.
A veces veo a alguien en la calle, me mira y me digo ¿cogí con este? porque hay algunos cuyo rostro olvidé también.
Tengo que reconocer que he estado enamorada 3 veces. con uno de ellos me casé, con el otro viví la aventura más linda de la vida y el tercero...eres vos, el que me hizo tatuarme el cuerpo de tan renovada que me sentí.
Esta semana terminé de perderlos a los 3.
El primero ya es un recuerdo, pero a veces regresa a molestar mi memoria, esta semana lo exorcisé por completo de mi mente, ya no es una molestia...gracias a los otros dos.
El segundo va a casarse...mi agridulce sentimiento es "ojalá que esta vez sea feliz" y lamento no haber podido encajar en su vida, sentir que lo quiero y lo perdí para siempre...así de balada ranchera.
Y el tercero...me pediste que fuera contigo, pero me advertiste que no habría sexo, "te quiero como amiga" la cochina friendzone a la que me niego a pertenecer...al principio dije si, y busqué quien me cubriera en el trabajo, luego dije que no sabía y de pronto me dije "pero si te hará sufrir pasar tantas horas con él y no poderle dar ni un beso". me negué por completo, te fuiste solo y yo...con las ganas metidas en el cuerpo me he estado secando por dentro.
Ella dijo que quería venir, que me deseaba...yo no quiero ya que venga, no estoy lista para verla. El dice que me quiere ver y me desea, yo no siento ganas de coger con él de ninguna forma.
y así, el otro aparece de pronto en una foto vieja, hablamos y volvemos a quedar de vernos "te deseo chiquita bella"
y yo que he dejado meter al corazón en ese negocio de amarte...no quiero verlos, se me acabaron las ganas.
¿y si yo tenía los polvos contados? y si ya no me queda ninguno?