Me puse a leer de nuevo fifty shades…en realidad no me
gusta, entiendo lo que dice un amigo: escribir literatura erótica es fácil, y
la gente se calienta fácilmente.
Las escenas son tan increíbles, aquello de que Ana es virgen
y aún así se deja hacer y le “llama la atención” el BDSM. Ay por favor!!!.
Mi amo no lo fue en realidad, me domó como nadie ha logrado
hacerlo y deshacerme de su recuerdo me metió en este mar de sexo atolondrado y
loco.
Ese primer día entré en su cuarto a dejar un libro, me miró
de arriba abajo y dijo “viniste a coger, si no no te hubieras atrevido a
entrar, ¿lo vas a hacer?”
No había violencia, me desarticuló, sí, yo quería coger con
él desde que lo conocí, vamos, yo no era virgen ni similar, simplemente quería
caer en las garras de esos dientes perfectos, esa sonrisa hermosa y esa piel
oscura.
“no lo sé”
Creo que respondí temblando, era joven, como Anastasia, 22 años y poca
experiencia, “bueno” me dijo y se acercó
para darme un beso fuerte, no violento, pero duro, me empujó sobre la cama y
repitió: “veniste a coger, yo sé”
No sé si fue el susto, el deseo, las ganas de coger o que,
pero terminé con la falda levantada, las bragas en el suelo, los pies en la
tierra y el cuerpo empujado sobre la cama altísima, me penetró desde atrás con
fuerza, sin humedecerme lo suficiente, apreté la boca para no gritar, me cogió
con fuerza, somatando la cama contra la pared y sin tocarme, de lejos, terminó,
me dio una nalgada y me dijo “bueno
niña, gracias por el libro, adiós”
Salí de allí como en trance, sin muchas ganas de nada, sin
orgasmo, sin llanto. Sólo confusión y dolor, un dolor acre que quedaba por
días, recordándome que era suya.
Las siguientes veces terminó de domarme, no tan poéticamente
como Anastasia, no, por favor, eso es ficción cruda y sin anestesia. Me domaba con amor y ternuras, seguidas de
dolor y lujuria, con cariños y luego desprecios. Bañado de toneladas de comida
grasosa cocinadas en su cuarto o en mi casa.
No puedo decir que no me gustara, cada vez me gustaba más,
el sabor de la sangre, el olor de mi cuerpo lleno de semen y sangre, la ropa
que podía o no podía usar, el que me dejara sin orgasmo o me obligara a leer
las cartas de alguien más mientras me cogía, cartas de hombres y de mujeres,
para que me fuera haciendo a la idea de quien estaba conmigo, aquello me
provocaba una bajada de excitación que él no perdonaba, así, casi seca, me
cogía con más ganas y se divertía con mis celos de sus ex parejas.
Sus manos eran expertas, y cuando decidía darme placer me
hacía gemir y llorar de dolor y gozo. Me vestía para él, me calzaba para él. Controlaba
todo, zapatos, ropa, vestido, comida, todo era lo que él decía y yo no podía
hablar (así como anastasia, pero sin contrato ni carro lujoso)
Lo más dulce de lo que era capaz era llevarme a bailar, no
permitía que fumara ni que ingiriera alcohol, únicamente podía beber jugos de
frutas y mucha agua. Eran 4 a 6 horas sin sentarse, él era un show y yo su
comparsa, el ritmo que fuera, sin parar
y cuando al fin se cansaba de bailar salíamos a coger, duro, con toda la fuerza
que le había dado que muchas y muchos nos vieran, amaba que me vieran bailar,
me obligaba a hacerlo sexy, con ganas, siempre con él, nunca podía aceptar
bailar con nadie más y luego…una cogida dura, sangrienta, rompedora.
Reía mucho cuando me estaba enseñando a hacer una felación,
reía de mis nauseas, y apresaba mi cabeza para marcar el ritmo, reía de mi
falta de experiencia, de mi asco sexual (vamos chicas y chicos, todos hemos
tenido ascos sexuales!!) reía de mi inexperiencia y de mis celos, de mis
intensiones de poseerlo.
Y al final se fue, dejándome marcada.
Y releeré a Anastasia Steele porque me gustaría creer que yo
hubiera tenido la fuerza para matizar la relación, o que, si se diera en esta
etapa de mi vida, estaría más dispuesta a detenerlo y a disfrutarlo. Mis otras
parejas fueron más suaves, más vainilla, pero un amo no se olvida, no se deja.
3 comentarios:
Me encanta como escribes, tienes que hacerlo más seguido.
Amiga, haga su libro. Yo lo quiero presentar.
Amy, usted sabe que se hace el esfuerzo.
Juan Pablo, la novela va termino medio, pero le falta cocción
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