La verdad es que seguir jugando al romance es divertido,
pero no tiene sentido.
Me estaba chateando de lo más divertido, hasta que de pronto
dije “ya estoy tan desesperada por coger, que casi estoy a punto de pagar”
“pues si se anima a pagar, aquí estoy”.
La duda surge, ¿pagar por sexo? Ok, siempre he tenido donde
y con quien, resulta que en este momento de mi vida no tengo con quien y estoy
huyendo del fatal romance, del misterio del enamoramiento que luego deja un
dolor físico y moral aumentado.
¿pagarle? Bueno, es muy joven y “necesitado”, guapo,
terriblemente guapo, sexy y siempre hemos tenido alguna tensión sexual entre
nosotros. Pero de allí a pagarle.
“no juegue” pongo en el mensaje y lo dejo allí.
El fin de semana no pintó del todo bien, entre la regla y
las citas fallidas, terminé con más ganas, su foto es de lo más sugerente y sus
labios…bueno, ya lo besé una vez, tengo que confesarlo.
“como está”.
Y vuelvo a ver el chat, hablamos un rato, nos cachondeamos
más…quiero coger, pero la oferta no llega, al menos si lo hace por dinero no
tengo por qué amarlo mañana, ni pensar en él, ni ponerme linda, es una
transacción, no tengo que ocultar mi cuerpo, ni inventar frases cursis, ni
menos darme de topes contra la pared después, es sólo un negocio.
“y al fin, ¿cuánto estaría dispuesta a pagar?”, me destantea
su forma de agredir sin agredir, bueno, me dice sin decirlo “aquí estoy, soy
joven, te puedo coger rico, pero te costará un poco de dinero”.
Y no lo sé, ¿Cuánto vale un orgasmo? ¿Cuánto vale una noche
de sueño tranquilo?...¿cuánto vale fingir amor?
Cedo, ponemos un precio, y no ponemos una fecha, el día
termina sin que pase nada.
“¿quiere venir ahora?, pero trae condones por favor”
Paso a la farmacia y me compro unos, llego a su casa con los
nervios subidos, “creí que no iba a venir” me dice, “me ganaron las ganas”, le
digo y lo beso, su cuerpo se aprieta al mío, sus labios son como siempre,
deliciosos, está apenas vestido con una camiseta y un short, siento su erección
crecer poco a poco, me desnuda y se desnuda.
Me aterra sentir que es casi profesional, su cuerpo de casi
niño me aterra más (por dios, si apenas acaba de cumplir 20) siento que me
aprovecho, enjuto, dulce, con esa sonrisa de James Rodriguez que me enloquece.
En realidad no es tan bueno, su técnica es de niño, pero compensa
con la fuerza y el empuje, un orgasmo fuerte, y siento el suyo, me acuesto un
rato a su lado y me levanto a vestirme “¿ya se va?” si, le digo, gracias, le
doy un beso fuerte y dejo el dinero en la cama, me voy sonriente.
Al final no sé si lo usé o me usó, es un intercambio, solo
eso.
5 comentarios:
No le veo nada de malo a pagar por sexo siempre que no te cause conflictos contigo misma. Es mejor tener la situación clara y ahorrarte las lágrimas y el drama que implica involucrar sentimientos.
Cuánto cobró?
pues...no diré el precio, eso jamás, pero fue justo por el producto y si, parece que pagar es más sencillo que andar enamorándose de pendejos
primera vez que te leo, me gusto mucho tu historia, soy hombre homosexual y tengo conflicto con esto, pero me divertio tu relato y pues me puso a pensar...
creo que el sexo siempre se paga... con tiempo, con atenciones, con chocolates, con rosas, con cursilerias, con compromisos... con pedazos de uno mismo... con lo que sea pero siempre se paga
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