miércoles, 13 de abril de 2016

human centipede (una analogía muy descarada)

Los humanos en las relaciones y las relaciones sexuales somos un poco demasiado complicados.
Aquí estoy, pensando en como me metí en camisas de once varas y sintiendo que me estoy comiendo la mierda de alguien y que alguien se está comiendo mi mierda.
Un centipedo humano, pegados por deseos sexuales y represiones históricas y por la famosa friendzone que nadie sabe donde está pero en donde todos hemos estado.
Ayer abrazaba a uno de mis amantes más viejos, un hombre mucho mayor que yo, mi maestro en más de un sentido. El, recordaba como iniciamos, con las miradas furtivas en clase, hasta terminar en una felación que dio inicio a esto, que ya lleva tiempo. Me atrapó con su sexo discreto, templado, casi invisible. cálido y profesional.
Lo quiero como se quiere a un árbol al lado del cual uno se cobija y crece. hablar con él, compartir las horas y luego, como quien no quiere la cosa, desnudarnos y coger suavecito, bajo el crucifijo de su oficina, sin miedos ni apegos, sin más que la necesidad corporal del sexo y afectos que no podrían ser cotidianos. citarnos con un "puede llegar a ver un libro a mi oficina", en más de una ocasión.
"me encanta estar besándola y abrazándola", jamás hablarnos de tu, jamás romper el mito del profesor, jamás propiciar una cercanía "amatoria" que nos haría daño a ambos, reir porque alguna de sus amigas sabe que no somos solo amigos, y soñar con que algún día nos vamos a escapar a pasar más de una hora juntos. a abrazarnos toda la noche, sabiendo que no lo haremos, que no podremos pasar ese tiempo porque tampoco queremos hacerlo. nos bastan esas tardes de café con platica y las sobaderas o cogidas en posiciones raras en los sillones de la oficina. eso, y la certeza de que "sea lo que sea que tenemos" sigue teniendo la fuerza necesaria para que yo acuda a su llamada.
Pero allí estoy implorando sobras a otro, le escribo, le llamo, me enfado cuando no contesta o cuando me dice "hey, tranquila", le ruego una noche, una tarde, una madrugada, un rato...¿amor? no creo, también llegamos juntos a la conclusión de que él quiere una esposa y yo no soy material para servir a nadie, yo quiero sexo, quiero su sexo, ese falo grueso y fuerte, esas cogidas de rancho grande, te las empiezo de lana, te las termino de cuero, esas manos que aprietan, ásperas, oliendo a rancho, a bestia de carga, a sudor pesado.
Yo lo quiero porque es lo que jamás me serviría más que para la cama, la obsesión, la locura, el falo enhiesto barrenador, el que manda y yo obedezco, el patrón...ay... el que no me querrá mas que para sarandearme en el catre hasta que mis gritos y mis lágrimas de placer lo dejen satisfecho y me diga "mejor duermase, que ya parece que se cansó". y se vaya de nuevo, a donde lo espera una niña dócil que si limpia la casa y lava la ropa.
y él, que me llama...
Lo he dejado besarme, lo he dejado tocarme y manosearme y no sé por qué en realidad, no  siento nada por el tímido hombre, el profesional impecable, el que me pide que quiere un espacio pequeño, que me deje, que le permita esos 10 o 15 minutos que yo invierto en cualquier cosa. pero no se me antoja, no puedo quebrar la amistad con una cogida para la que él ha puesto tantas expectativas, porque sé que no querrá sólo el cuerpo, que quiere una "relación" y eso no, conmigo ya no va.
Por eso terminé soñando con mi ex, con su experto sexo... alguna vez nos dijimos que aunque nos dejáramos volveríamos en algún momento a coger y me asusto cuando aparece en mis sueños, como el amante diestro que debe seguir siendo, cuando lo llamo para pedirle apoyo que no es sino un pretexto, cuando imagino como sería perderme entre sus brazos otra vez.
Mejor sacudo la cabeza y me saco del cuerpo el diablo, estoy cagándome en alguien y comiendo la caca de otros. estoy en medio de un cienpiés humano, una analogía fea y descarada.

No hay comentarios: