cuando lo vi, tocaba el cuatro en un grupo de parranda venezolana, se veía imponente, mulato, alto y musculoso, la pequeña guitarrita le quedaba pequeña.
cantaba algo que no entendía mientras la gente bailaba, era evidente que no le gustaba que lo usaran de "atracción turística" pero lo hacía, yo intentaba escurrirme de un viejito simpático amigo de mi familia que cada vez que bailaba conmigo parecía que le crecían los brazos.
terminó de tocar y caminó a la puerta con los demás músicos, pasó por mi mesa y sin mirar al resto me deslizó una tarjetita en la mano "si te interesa, llámame" un teléfono y datos de contacto.
como buena centroamericana me sentí ofendida, jamás había iniciado un cortejo, si bien ofrecía, nunca había llamado a nadie para concertar una cita. siempre hay una primera vez.
al día siguiente decidí que lo llamaría, faltaba semana y media para regresar a mi país y no siempre se conoce a un ejemplar así, tomé la tarjeta y llamé.
su voz era increíble, voz de cantante, y quedamos de vernos en un parque cercano al que llegué casi con una hora de adelanto, me moría de nervios, tomé café, me senté a ver las flores, me moría de ansiedad.
cuando llegó, en un pequeño automovil, no pude evitar besarlo. hablamos un rato, pero ambos sabíamos lo que deseabamos.
supongo que en todos los paises hay hoteles de paso, fuimos a uno y pagamos al entrar, una habitación enorme sin aire acondicionado por lo que ambos sudabamos a chorros, cuerpos resbalosos llenos de sudor.
yo había tenido otras parejas de color, así que ver ese enorme falo no me asustó, creo que le gustó que me lo comiera sin dudas, le hice una felación con ganas que el correspondió con una embestida intensa, un falo grueso y largo que me dieron sensaciones deliciosas, cuerpos super sudados en ese cuarto medio oscuro y caliente.
luego de la primera entrada, me arrastró a la ducha. el agua caía tibia y sus manos se dedicaron a enjabonarme completamente. yo disfrutaba del agua y jabón y comencé a hacer lo mismo, me levantó como a una pluma, sus enormes brazos me elevaron y me volvió a penetrar mojada y jabonosa, me sentía en parte como marioneta, fácil de usar, fácil de tocar.
se sintió incómodo y me sacó del agua, me aventó contra la cama y alzó mis nalgas para penetrarme desde atrás, por un momento me aterrorizó que intentara sodomizarme con esa cosa tan grande, me dió la vuelta y me lamió completa para terminar por segunda vez dentro de mi cuerpo.
creí que era todo, se volvió a lavar y esta vez me exigió una felación completa, arrodillada me sentía todo lo humillada que es posible estar mientras me hacía comerme su pene y chuparle los testículos. esta vez eyaculo sobre mi rostro.
cuando regresé de asearme ya se había vestido, "gracias, que rico" dijo y me subió al carro de nuevo, de regreso a mi alojamiento.
la siguiente semana lo llamé 3 veces, nunca estuvo, me propuso quedarme dos días más, cosa que era imposible, supongo que fué casi como tomar un café, negro, grande y bien caliente.
4 comentarios:
"Como buena centroamericana me sentí ofendida" bien dicho, aunque nosotros como buenos centroamericanos también nos chiveamos cuando una mujer es la que toma la iniciativa.
Excelente título, a veces creo que esos momentos fugaces los valoramos más porque nos deja con el "que hubiera sido".
Exquisito como siempre. Saludos.
"supongo que fué casi como tomar un café, negro, grande y bien caliente"
Un cafe que no olvidaras, y ademas extranjero. Siempre es un sabor diferente al tomar alguna bebida en otro pais ;-)
Saludos
son esos ocasionales los que le dan sabor a la vida, además, los caribeños son deliciosos
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