los más comunes, a la hora de coger, son los moteles, pero en este país hay otros lugares comunes, espacios donde casi todo el mundo lo ha hecho (o ha deseado hacerlo)
a mi me encantan las terrazas, los escasos edificios altos de esta ciudad me excitan, abajo las luces se ven preciosas y la noche fría endurece los pezones y pide a gritos el calor de otro cuerpo.
esa noche fuimos a un concierto, no recuerdo ya quien tocaba, sólo que ibamos en moto, otro de mis fetiches, la moto y su cuerpo apretado contra el mío, entonces tengo esas absurdas fantasias de penetrarlo yo a él y me dejo llevar por las perversiones que no ejecuto sino en mi mente.
finalizado el concierto me invitó a subir a la terraza del teatro nacional, el lugar es sumamente frío, el viento se siente en la piel y mi tenue chaqueta no podía impedir nada, subimos las gradas, besandonos en cada descanso, se hacían eternas mientras caminabamos y me desvestia por pedazos, la chaqueta primero, sobre su hombro, la blusa desabotonada y luego en el siguiente descanso quitada, el brasier, y seguiamos subiendo yo en topless y él completamente vestido. en el último descanso, ya para salir a la terraza me quitó el pantalón.
me sentó sobre la baranda de la escalera para manosearme, todavía ocultos en el cajón de la escalera, metía sus manos, y lo que más le gustaba, miraba mi sexo como si quisiera penetrar con los ojos, me exitaba, luego me comió con ganas, mordiendo suavemente mi clitoris con tanta dulzura que casi me lleva al orgasmo.
me sentía vulnerable, completamente desnuda, si subía un guardia no podría encontrar mi ropa, y eso lo hacía a él más poderoso, encontró una grada y me puso allí, ayudada por ella me hizo ver hacia abajo, hacia el abismo y me penetró desde atrás, sin desvestirse, su explosión deliciosa fué seguida de un silbatazo en la base del teatro, me dió mis ropas y me vestí a prisa, bajamos a tiempo para encontrar a un mal encarado guardia en el primer descanso "no saben que está prohibido subir aquí?"
que importaba, ya estaba hecho. nos subimos a la moto rumbo a nuestro motel favorito, la noche todavía no estaba acabada, y yo tampoco.
9 comentarios:
¡¡Excelente!! No hay nada mejor que hacerlo en los lugares prohíbidos, que en Guate abundan, ante la altísima posibilidad que lo cachen a uno.
Aguas sí te leen los diputados que se van a ofender por haber "profanado" al teatro nacional. Saludos.
es un perfecto lugar, sobre todo el tiempo (la noche), pienso que la noche es mas relajante/exitante para esas actividades.
Puedo oler su miedo desde aquí. Se acerca. Es repulsivo. Lo odio. Pero tengo miedo. No soportaría estar sola, ahora no, a mi edad, sin trabajo, sin familia, sin amigos. Sus dedos se afanan inútilmente en desabrocharme el vestido. Separo bruscamente su mano y me desabrocho yo misma. Odio tener que pasar por esto, sentir como mi chocha pierde toda su fuerza, y esa masa de carne lucha vanamente por permanecer dentro de mí.
Apaga la luz. Está temblando. Creo que llorando también. No hay besos, ni caricias. Con un movimiento mecánico se encarama encima de mí y veo de cerca su rostro repugnante, se ha echado a perder. Antes era un hombre apuesto, el guaro y la coca han destrozado su vida. Ropa de paca, un bigote desquiciante y esa sonrisa complaciente y autocompasiva. Lo odio. Una vez. Dos. Tres. Intenta penetrarme infructuosamente. No dice nada. Agarro su paloma, blanda, pequeña, insignificante, y la meto dentro de mí. Comienza a moverse. Se sale. La vuelvo a meter. Se sale de nuevo. Se separa de mí y se pone boca arriba. Golpea la almohada con furia. Después me toca a mí. Una. Dos. Tres veces. Hasta que mi mirada deje de atravesarlo. Lo odio. Pero tengo miedo. Después me abraza. Te quiero, te quiero, te quiero, solloza. Lo odio. Quiero que muera. Hijo de puta. Mis ojos se tiñen de sangre.
profanar, que será profanar.
para mí solo es buscar donde, cuando y con quien, el como, no importa
El clásico cliché del elevador, lo ha probado?
saludos.
no spyder, el elevador, como el baño del avión son demasiado incómodos, además, no me gustan los demasiado rapiditos... (entre un piso y otro no hay tiempo suficiente)
yeah!!! me recuerda ciertas aventuras... jajaja que buena escena!!!
Buena cogida y buena narración. Cuando la calentura y la osadía se juntan hacen este tipo de anécdotas.
Pusiste un comentario en mi blog y me aventuré a leer el tuyo para poner un comentario. Y es este:
Epale. Nunca se sabe CUANTO es mucho pero si se sabe COMO es lo mejor. A veces solamente basta una vez para tener una noche perfecta - a veces ninguna -, otras veces son demasiadas que todas no suman nada nuevo.
Pura opinión personal.
Publicar un comentario