sábado, 9 de febrero de 2008

que rico...

nunca te habías metido tan rápido debajo de mis piernas, y me comiste con tanta hambre que me dieron ganas de devorarte rápido...
no siempre me ha gustado comermela. aparte de la tuya hay una que me encanta recordar.
el cuate debe haber sido virgen, estabamos tomandonos la cena en la azotea del hospital, hacía frío y viento, son solo 6 niveles pero se siente rico el aire y las luces de la ciudad abajo, las otras luces rojas que parpadean por aquello de los aviones y helicopteros.
creo que ni siquiera hubo un preambulo, de pronto me dieron ganas de comermelo y me arodillé frente a él que estaba de pie en la orilla del techo.
le bajé el pantalón y alli comienza la ternura: estaba lleno de talco perfumado, su ropa interior inmaculada y aquel pene chiquitito que se encogió de frío antes de que lo comenzara a lamer y entonces creció y me llenó la boca por completo.
no tuve que hacer mucho esfuerzo, lo sentí gemir y casi desmayarse cuando yo recorría con la boca toda su extensión... unos minutos y el chorro se regó por el techo.
el chico se avergonzó, no quería terminar tan rápido además, ya era hora de regresar de la cena y yo ya había comido.
intentó tocarme o acariciarme pero no lo dejé.
me limpié las manos con las servilletas de la cena y le di un beso en la boca. "ya tenemos que bajar", le dije.
el resto de la noche tuvo que ponerse una bata enorme para tapar la tienda de campaña que asomaba cada vez que me veía.

1 comentario:

Allan Martínez dijo...

Buen texto. Excelente escena. Lo prhibido con lo inocente y la malicia. Sigamos leyendo.