miércoles, 7 de septiembre de 2016

Señor Gray

Señor Gray.
No, no soy anastasia, no soy ninguna niña inexperta ni mucho menos virgen.
Me gusta que me dominen, pero es raro encontrar a alguien con la capacidad de hacerlo, alguien que me haga sentir que mi voluntad es suya, alguien que me enseñe y me dome como a un potro para luego hacerme ver que vale la pena ser suya.
Pero este señor gray duró menos que un suspiro.
Aún tengo marcas en los pechos, aún me arden los pezones y la boca tiene huellas de sus mordidas, mis labios se ven sensuales hinchados por la voracidad de sus besos con mordida, dolor y amor, amor y dolor.
“tu cerebro puede hacer que sientas placer en el dolor”, si, eso dijo y siento ese dolor exquisito, que no se ubica en ningún lado, pero que se siente por todos lados.
Llegué a su espacio, el bunker en el que recibe, contraseñas y puertas metálicas, comodidad y brillo. Preparó vino, y un plato con cositas para picar, se hizo el difícil como siempre, no empezamos nada hasta que todo está listo.
Mientras terminaba el vino y lo besaba le dije que quería tenerlo, no me respondió.
Comenzó a morder mi boca, muy fuerte, pude sentir mis labios hincharse mientras se aferraba a mi cabello, algo que le encanta, y dominaba mi cabeza.
Sus dedos urgaban con fuerza dentro mío, me hizo terminar en su regazo, mano violenta y tierna, clítoris también hinchado.
Tomó mis pechos y mordió mis pezones con dureza, el dolor era insoportable, pero delicioso, sentí que seguía mordiendo ambos pechos y desnudándome.
Me hizo arrodillarme frente a él, me ordenó quitarle la ropa, lo hice con cuidado, y metí su pene en mi boca para hacerlo crecer, poco a poco lo sentí hincharse, llenar mi boca, llegar hasta el fondo.
Se bebió el resto del vino mientras le daba sexo oral, me ordenó que me tocara mientras lo hacía, “quiero sentir tu orgasmo” me dijo. Le di gusto, sentí que temblaba mientras succionaba su pene.
Me llevó a la cama y me lanzó boca abajo, me penetró desde atrás con maestría, lento, calmado, tierno.
Me quedé temblando, con las ganas puestas todavía y la sensación de estar llena de él, como mal amo en ese momento abandonó el papel. Me dejó acurrucarme a su lado, me abrazó con fuerzas, pidió que me quedara, y mencionó que teníamos que ver lo que hay más allá…

Hoy tengo la certeza de que tenemos que terminar.
Lo único que una mujer como yo no puede hacer es enamorarse, y una relación dominante no debe dejar entrar el amor al dormitorio.
Nosotros lo dejamos entrar…
Si, me encanta sentirlo, saber que me cuida aunque me ordene cada vez que algo pasa y el tome las decisiones, su cuidado de mis cosas. Su poder…
Me quedaré con las ganas de subirme al helicóptero, de ver el cielo a su lado, aunque tendré su recuerdo en mi piel, en ese tatuaje que queremos tener



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