miércoles, 19 de septiembre de 2012

meseta

Estoy releyendo lo que escribí la última vez que cogimos, parece que ha pasado tanto tiempo, tus manos en mis pechos agarrándome desde atrás ese día que las circunstancias no permitieron que llegáramos al coito me siguen mojando, todas las noches.
Fue mi error, vos lo dijiste "me enseñaste a coger con condón, ahora no me podés decir que lo olvide", tan obediente y tan miedoso, porque siento tu miedo, lo sentí hoy cuando propuse que pasaramos a otra cosa y vos mismo me dijiste "para que complicarnos la vida, vos estás bien allá y yo estoy bien aquí", relación infame de mutua dependencia que no quiere enredarse en trivialidades cotidianas. Bien lo sabemos ambos: vivir en la misma casa destruye la fantasía que nos acompañó durante todos estos años.
Siempre fuiste poco sexual, tenés miedo a tu propia potencia, a lastimar (lo has hecho seguramente) a no provocar placer sino dolor, por eso te negás a la felación, supongo que alguna vez alguien lo intentó y no fue agradable, esas dimensiones no son comunes y vos...sos tan dulce en realidad.
El asunto es que no querés, y menos que te presione, te pido espacio, tiempo para ambos y entonces me lanzás de golpe el sablazo: "sabés que, no me interesa eso, mejor sigamos siendo solo amigos y ya".
te pongo un mensajito: me dolió tu rechazo, y me siento a esperar, no sin derramar lágrimas, ¿como pensás que no pueda enamorarme, si sos tan bello y al mismo tiempo tan duro?
todo el día sola, pensandote, imaginando que tengo que dejar de hablarte, que no voy a responder el teléfono, que me vale que te enojés, que no puedo volver a soñar con vos, que se caen mis castillos en el aíre... y ella que se acomoda entre mi horario, celosa, molesta, buscando que la llame o que la vea, o que volvamos a coger...nada me mueve, nada más que la ausencia de tu voz.
Y la llamada llega, puntual, sé que estás pensando que decirme, veo el número y me digo una y otra vez que no debo contestar y agarro el telefono y respondo como si nada: hola vos, que hacés.
hablamos como siempre, pensando si lo que decimos está bien y sin dobles sentidos, consejos de un lado para el otro, el libro que leemos, rutina de esposos añejos y...
cuelgo con sabor amargo, te deseo como siempre, con esas ganas infames de que acabes con el dolor de mi vientre, que me llenes, que me vuelvas loca y vos...con el miedo de no querer dejarme te volvés a negar.
"muchos besos vos", decís de despedida, patadas de ahogado, intentando decirme lo que no querés decir: que vos también me deseas pero que me querés para toda la vida, para vivir con vos y eso...no era el trato.
Mientras escribo esto suspiro, ella está molesta y con razón, tendré que viajar a verla la otra semana...a vos, ya no quiero verte, responderé el telefono pero no vuelvo a insinuarte nada...me buscaré un fucking buddy que no quiera vivir conmigo, que no me enamore, que me satisfaga físicamente, pero que me deje el corazón en paz.

No hay comentarios: