sábado, 1 de agosto de 2015

vainilla peligrosa

Va, me las llevo de ruda y soy más bien vainilla, tengo mis límites y en algunos casos son más duros que el resto.
Relaciones peligrosas, me especializo en encontrar aquellos especimenes que todos pensarían estan mejor en un reality que en mi cama, pero como soy necia...allá voy.
Lo encontré en el parqueo del super, empezando la borrachera.
Nos llevamos ganas desde la secundaria.
Para no hacerles la historia larga diré que decidimos ir al motel, y yo manejé.
Se sintió extraño, le puse claro que no quería que se emocionara, que sería algo puramente sexual, que yo manejaba y yo pagaba y ponía las condiciones. Casi se tira del carro, ¿en serio? preguntó.
Supongo que es la primera vez que se lo dicen así, sin rodeos, "quiero coger, pero no quiero líos, ni mujeres celosas tocando mi puerta ni llamadas a deshoras ni enculamientos, sólo coger".
Llegando al motel se calmó, nos metimos y encontramos una sala dedicada completamente a coger: nada camuflado como en los hoteles que "disfrazan" el encuentro con colchas de flores y adornos mega kitsch. no, este era un motel para coger.
Cama alta, para poder encular con facilidad, "canapé del amor" sobre el cual pendía una serie de fotografías explicitas de la forma de usarlo, agarraderas y espejo en el techo y enfrente.
Extrañamente su erección no dio para mucho, entonces se dedicó a todo el cunilinguos y anilinguos que es capaz una sola persona de dar.
Me provocó una marejada de orgasmos, en realidad muy hábil, pero él seguia necio con que quería más.
Durante un buen rato me insinuó cosas, y mi lado vainilla se estimuló.
¿llenarme el coño de coca y chuparlo? noooo, yo no uso estimulantes, no los necesito.
insistió demasiado, y yo empecé a asustarme, le llevaron mezcal y cuando sentí, virtió toda la copa en mi coño y abdomen y lo bebió de allí.
El ardor fue delicioso, el chorro de alcohol me quemó y dolió, me volteó para derramar la segunda copa en mi ano para terminar de comerselo con tal hambre que volví a tener otro orgasmo.
Lamenté tener cosas que hacer, lamenté tener una cita que cumplir, su boca tragaba, chupaba, besaba, mordía, y su lengua penetraba hasta donde podía acompañando a unos dedos mágicos.
Sentí que me moría y le pedí que parara. No, NO mas.
Vainilla completa me acobardé, recordé que yo llevaba el auto y le pedí salir, "vamos" de mala gana accedió "a la próxima no dejo que vos dirijas",
A esta hora todavía huelo a mezcal, y me da miedo que me llame.

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