ella es un caramelo, me encanta su cuerpo así, imperfecto. me cuestiono mis preferencias porque a los hombres los quiero perfectos, con el cuerpo como el tuyo, formados a golpes de arado y piocha, hombros firmes y brazos duros y torneados, pechos macizos donde recostarme y piernas como torres de piedra, duras, firmes.
A ella la quiero así, suave, nada de ella es duro, es grande y dulce, cuando me paro a su lado me siento pequeña. sus pechos son pequeños pero dulces, pezones rozados y abdomen suavecito, piernas que no lastiman, dulzura es ella.
él besa como un macho, se posesiona de mi cuerpo, ordena y dirige, asume la regencia de un sexo que sólo él plantea. Ella se deja hacer, colabora y se coloca como yo lo pida, da poco y pide mucho, él da mucho y pide poco, exige, más bien.
Amanecer con él es estar en distinta cama, no tolera el abrazo de madrugada, si quiere repetir me llama a su cama y al terminar me hace irme y dejarlo dormir, cuando amanezco con él lo veo de lejos, no lo toco si él no lo pide.
Ella quiere ser abrazada, se acurruca como un bebé entre mis pechos, pide más en la madrugada y me despierta con besos para convencerme de darle más, (a ambos les doy lo que piden)
él me reta, me desprecia y luego me tomá como un vencedor, ella se deja ganar de a poquitos, diciendo primero no y luego pidiendo y exigiendo más.
de él añoro el sabor de su semen fragante, la poción mágica de su sexo que se desborda en mi boca con sabor dulce, de ella adoro los gemidos de placer y dolor al ser penetrada por mis manos en ambos orificios.
pero hoy, cuando amanecí abrazada a ella, y todavía guardo su olor en mi piel, es el recuerdo de él el que duele, el que se extraña y se necesita.
Hoy, que la vi a ella ocupar su cama, pensé en él y me dieron ganas de llamarlo, de contarle que lo extraño y lo deseo y que todavía no se, a cual de los dos prefiero
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