sábado, 23 de febrero de 2013

no te quites el vestido...

Es enfático: coger con vos no es igual jamás. Ya perdí la cuenta del número y aún no puedo descifrar el patrón. No me mal entendás, yo he visto un patrón en todos mis amantes. Digo que después de la tercera cogida una puede decir que le gusta y que no le gusta a alguien, no sólo preferencias, sino también esos sitios prohibidos que una debe cuidarse de estimular, palabras, acciones y cosas que no deben hacerse, y también esas delicias que surgen luego de encontrar las claves para entrar.
Con vos eso no funciona. Lo que funcionó la primera semana, ya no te gusta ahora, lo que te encendió ayer, puede que te cohiba hoy, y viceversa, y no me da miedo equivocarme, me emociona ver con que vas a aparecer o que nueva fantasía vas a proponer.
Llegamos y hacía calor, dijiste que no querías ir al dormitorio y que dejara encendida la enorme luz de la sala, esa que parece que estuvieramos en el parque. comencé a besarte en el sofá y a quitarte la ropa, tenía, como siempre tengo, ganas de besarte de arriba hacia abajo, y tragarme tu cuerpo, sintiendo el ahogo que provocan sus dimensiones tan fuera de lo común.
te besé, te quité la ropa y entonces dijiste "te molestaría no quitarte la ropa"
Te voy a confesar que me sentí rara, ya te tenía sin ropas y me pediste que yo no me las quitara, metiste tus manos bajo el vestido y quitaste lo único que querías eliminar, ese pequeño obstáculo que cubría parte de mi cuerpo.
Yo temblaba de ganas y el tenerte sin ropa debajo de mi cuerpo, a horcajadas sobre el sillón, vos sentado en una acción receptiva increíblemente sensual, tus manos se metían por debajo del vestido, y tu pene ocupaba todo el espacio disponible en mi interior, puedo jurar que cuando yo gemía y apretaba, vos crecías y llenabas más hasta hacerlo de tal forma deliciosamente insoportable que no quería al mismo tiempo que terminaras y también que terminaras ya.
Me dió más miedo el crujido peligroso del viejo sillón, ese que tal vez tiene demasiado tiempo de uso, las miradas de las fotos en la pared, la luz de la ventana y la gente que pasaba y no imaginaba que aquí adentro, vos crecías a tu gusto en mi interior, anulando mis sentidos, haciendome gemir de gusto y placer.
Recuerdo que te mordí, te arañé, me apreté a tu cuerpo de todas las maneras posibles y cuando sentí que desfallecía, seguimos todavía más un rato más, al ritmo de esos boleros locos de la radio nocturna y un bésame mucho que me supo a "espero que no sea la última porque esto es el cielo".
te pedí que quería quitarme el vestido, acabamos en la cama, abrazados con ganas, desnudos ambos y yo pensando en que magia produjo el vestido y por qué te negaste a quitarmelo.
Todavía en la madrugada me despertó tu mano sobre mi rostro, tu beso y tus ganas, tu vuelta al ruedo más mesurado y el olor de nuestro sexo en las sábanas.
Hoy veo tu mensaje en el cel "impeccable, a diamond under your dress", creo que al fin entiendo lo que hiciste.

2 comentarios:

latigo dijo...

...clau... dijo...

Candente y sensual relato...

dan ganas de vivirlo...