Un saludo a distancia y una cita: desayunemos.
No sé que me gustó de vos hace años, las chispas allí están, nos vimos y volvió a ser como antes, amigos con derechos, amigos-amantes, moteleros de universidad, compartidores de cama en excursiones, amigos, siempre amigos, esos que están para llamar a media noche con noticias de miedos y ruidos en el techo, para llevarte al hospital, para darte consuelo y abrazo, para contar las historias de aventuras y despechos, de romances y desamores...
Un desayuno que te arruiné con mis dietas, no te sentiste cómodo de pedir huevos, frijoles, salchichas, crema, panitos, postre... mientras yo devoraba mi fruta con yogur y granola (te sentiste estafado, tan caro el lugar y tan poquita comida) pero comimos omelette con queso chancol y me dijiste que querías ir a Acul...
Mis romances, tus romances, mis fracasos, tus fracasos, un par de horas de nuestra vida en conversación para ponernos al día.
Llegando al parqueo encontrar la llanta desinflada, tomarnos otro tiempo para arreglarla y luego, regresar a buscar un baño para lavarnos las manos llenas de grasa y mugre.
De nuevo en el ascensor te veo de cerca: "casi no has cambiado" decís, y mirás mi cabello y mi rostro en busca de marcas de vida, de cambios de los años, y allí está otra vez la chispa, las ganas la necesidad de abrazarnos como antes, sin miedo a nada, sin temores de nada, amigos tan amigos como nadie ha sido antes.
Un abrazo apretado, fuerte como nunca, como si los años no hubieran pasado, como si te hubiera visto ayer o la semana pasada, un beso dulce, un beso recordado, sin pasiones arrebatadas, un beso de costumbre antigua...
Y allí quedó todo, tus manos en mi cintura deseando quedarse, mis manos elevándose a tu cuerpo deseandolo completo, tu sonrisa de gato satisfecho y tus ojos negros clavándose en los míos.
No había más tiempo, no había lugar, allí, frente al carro besaste mi frente y me pediste lo que siempre esperé oír: "tenemos que vernos pronto, ¿que tal la otra semana?" sonreí y suspiré de nuevo, habrá que esperar para la acción, habrá que ver si nos vemos la otra semana y entonces dejamos que nuestras manos y bocas hagan lo que siempre han hecho.
De vuelta en el carro tiemblo un poco, recuerdo nuestros moteles, nuestros lugares especiales y todos los secretos que guardamos.
Gracias Amigo, un desayuno de verdad delicioso.
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