domingo, 22 de noviembre de 2009

castidad

forzada a la castidad, he dejado de tener intercambio de fluidos por algunos días, en lugar de apaciguarme, esto ha incrementado el placer que se obtienen de otras partes del cuerpo...
les cuento:
la conferencia parecía prometedora, el salón estaba atiborrado, me metí como pude y terminé sentada en un escritorio universitario en el centro del salón, no sé como metieron más sillas y la gente se apretó, era un salón pequeño y comencé a sentirme un poco claustrofóbica.
salir de allí era imposible, el ilustre invitado se acercó al podio y pude vislumbrar la tragedia, en lugar de una laptop y cañonera, el hombre desempolvó dos carruseles de diapositivas que una eficiente jovencita colocaba en un proyector viejísimo. ya era tarde para salir y no podía moverme, algunos de los que estaban cerca de la entrada salieron, entonces vi que al lado, justo, tenía a un hombre joven, con unas manos blancas y fuertes, se veían cuidadas y suaves, me acomodé para soportar el suplicio de la conferencia y sus increíbles slides.
el profesor pidió que apagaran las luces, tuve que recordar que esos aparatos no funcionan en penumbra, la oscuridad total me hizo notar la proximidad del extraño y de pronto, mi mano rozó la suya.
sentí que se daba cuenta de mi presencia, tocó suavemente el dorso de mi mano, primero con un dedo, su respiración lenta y cadenciosa y el olor de su loción me hacían pegarme más, poco a poco le dió vuelta a mi mano, sus dedos entonces se posaron sobre la palma, uno a uno tocó mi mano extendiéndose por mis dedos, apretándolos de repente, provocándome una excitación que hacía tiempo no sentía, mi cuerpo se mojaba por dentro con tan solo esa caricia leve y discreta, no apretó mi mano, que yo mantenía en el aire sino que la rodeaba, de pronto la volteaba y tocaba el dorso, de pronto acariciaba la palma.
comencé a imaginar que me desnudaba en ese espacio, quería tocarlo, pero me daba miedo que la gente viera, y su respiración lenta, contrastaba con la mía agitada, ansiosa, caliente.
no me di cuenta cuando acabó el primer carrusel, las luces se encendieron y el retiró la mano, su mirada permanecía fija en el frente, no volteo, no me ofreció una sonrisa, me sentí confundida y quise salir de allí, pero no era posible, la luz volvió a apagarse y la conferencia continuó, sentí de pronto que buscaba de nuevo en la oscuridad, quería ofrecerle mi seno, mi pierna, mi cuerpo y el seguía buscando mi mano, volvió a acariciarla, siguió excitándola atreviéndose a tocar la muñeca, subiendo hacia el brazo, lo que me provocó un suspiro que fué audible en todo el lugar, la risa que siguió casi nos delata, pero él seguía siendo un experto, dándome placer a través de mi mano que temblaba como una niña virgen, me sentía al mismo tiempo absurda y húmeda.
cuando terminó la conferencia pensé que seguiríamos en otro lado, me abrí la blusa un poco y voltee a buscarlo, pero se había escabullido.
como yo no soy asidua ni estudiante, le pregunté a alguien quien era "ah,me dijo, es un estudiante de teología",
creo que no voy a lavarme la mano hoy, al menos no antes que yo termine.

7 comentarios:

Abril dijo...

El cuerpo humano y sus partes misteriosas!

lindo!!!

Anónimo dijo...

No cabe duda que en el ambiente propicio y con la dispocision de dos personas, hasta la mas inocente caricia puede ser mas que sensual y tocar el alma y el cuerpo tan intensamente.

Excelente relato, solo le puedo compartir que mi cuerpo y mi mente reaccionaron con esta lectura

El monaguillo de Virgilio dijo...

Me has recordado la USAC, sincillamente eróticol Zalemas

El monaguillo de Virgilio dijo...

Me has recordado la USAC, sincillamente eróticol Zalemas

paola guillen dijo...

que bonito encuentro, ojala lo vuelvas a ver.

Mario dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Nicté dijo...

Abril: eso mismo, de repente, un roce se vuelve orgasmal
anonimo: gracias por sentir lo mismo
Estrada: le aseguro que hasta en las mejores universidades pasa
Paola: no creo, no me gustan los tan castos, fue rico, pero no para otra cosa, aunque, si logró eso con la mano, que no podría darme
Mario: el paraíso está en la esquina...